“Si alguien me dice que no soy capaz, me anima”

“Si alguien me dice que no soy capaz, me anima”

“Si alguien me dice que no soy capaz, me anima”
Un joven con síndrome de Down obtiene el grado profesional de Música

JUANA VIÚDEZ – Málaga – 25/10/2010
El País (html) (pdf)

A Rafael Calderón (Málaga, 1984) le gusta decir que tiene dos familias: con la que vino al mundo y la música. Gracias a la primera sabe que, con esfuerzo y tesón, no hay escalón insalvable. La segunda le sitúa en un plano de igualdad con el resto del mundo. Desde el 1 de junio, Rafael es oficialmente un músico profesional. El primero con síndrome de Down que ha obtenido el grado profesional en un conservatorio, el Manuel Carra de Málaga, sin que se le haya hecho ningún tipo de adaptación curricular. Su trabajo y una década de intensos estudios, le ha costado. “No ha sido un camino de rosas, más bien un camino chocado”, comenta con una sonrisa nerviosa.

Rafael relata su experiencia sentado en una terraza de la Plaza del Obispo de Málaga. Le gusta el lugar porque se divisa la entrada a la Catedral. La rampa de acceso le trae recuerdos de la Semana Santa, y de sus innumerables entradas al recinto con la banda de la barriada de Miraflores. “Descubrí la música con diez u once años. Le pedí a mi madre que me metiera en la banda porque me llamaban mucho la atención los instrumentos”. De la percusión, con la que estuvo dos años, pasó al viento. La trompeta, que ahora llama “su novia”, se ha convertido desde entonces en una de sus aliadas. “A veces estoy malo, con el cuerpo vacío y las canciones me dan fuerza. Lo veo como un juego, al que le echo muchas horas”. Después, muestra con orgullo un callo en su labio superior.

En todo este tiempo, Rafael, el último de nueve hermanos, ha ido salvando escollos. En la escuela, intentaron segregarlo, pero su familia se opuso. “Para hacer la prueba de acceso al conservatorio tuvimos que recurrir al Defensor del Pueblo, ya que superaba la edad permitida”, explica su hermano Ignacio, que le acompaña en la entrevista. Logró compaginar sus estudios musicales con el bachillerato, donde solo se le atragantó el inglés. “Un profesor me recomendó que estudiara un módulo de jardinería. Yo no dije nada. Cerré mi libro y me dije: tú por tu camino y yo por el mío”, rememora Rafael.

La Junta de Andalucía le ha concedido una de sus Medallas al Mérito en la Educación, y le patrocina la casa Yamaha, algo de lo que está especialmente orgulloso. En los últimos meses ha dado varias charlas concierto en Málaga y Sevilla. “Me gusta mucho hacer improvisaciones”, dice. Y lo demuestra. Para la foto, no duda en tocar un poco. Un grupo de turistas se acerca a escucharlo. “La música y el síndrome de Down no tienen nada que ver. En el escenario somos mi trompeta y yo”, comenta después.

Benjamín Moreno, trompeta solista de la orquesta de RTVE y profesor de Rafael, habla maravillas de él: “Para él no existe el miedo escénico, no tiene ninguna limitación sentimental”, ha dicho. “Como la vida sigue, yo sigo”, zanja el alumno, con una de esas frases lapidarias que construye con una habilidad pasmosa. “Soy un filósofo de la música”, bromea.

Después de más de una hora hablando, se anima a pedir una ración de ensaladilla rusa, a la que entra con timidez. “Soy bastante comilón”, reconoce. Hoy, los nervios de la entrevista le impiden disfrutar de la comida. “Yo soy dos personas, el Down, que no ha ayudado en nada, y yo mismo, que he tirado de todo”, explica. “Me gustan los retos. Si alguien me dice que no soy capaz de hacer algo me está animando a hacerlo”. El pasado verano Calderón tenía en mente su acceso al grado superior de música. Alguien le dijo que no le veía capaz de pasar la prueba. Ya la ha hecho. La semana pasada, la Universidad Francisco de Vitoria, de Madrid, le comunicó que le había admitido.

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Autor JL

Padre de Anna, bloguero y geek confeso.

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